Tu cuerpo no está fallando.
Está respondiendo a una situación que fue demasiado intensa para ser procesada solo por la mente. Tu
biología aprendió a protegerte, pero ese modelo ya no te sirve.
Esto no es un diagnóstico. Es una forma diferente — y más humana — de
entender lo que ya estás viviendo.
Puedes seguir intentando callar el síntoma…
o puedes empezar a entender por qué apareció.